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Analizan el uso de probióticos para el manejo de enfermedades gastrointestinales

Nuevas perspectivas en el uso de probióticos para el manejo de patologías gastrointestinales fue el tema en torno al cual giró la reciente jornada desarrollada por la Escuela de Medicina Campus San Felipe. La actividad, coordinada por el académico Isaac Silva, estuvo especialmente dirigida a médicos generales, internistas, pediatras, nutricionistas y estudiantes de Medicina.

En la ocasión se abordó la interacción de la microbiota, mucosa y sistema inmune; el rol de los probióticos en el manejo del síndrome de intestino irritable, síndrome diarreico agudo y los probióticos y microbiota en enfermedad hepática.

En su presentación, la doctora Yalda Lucero, gastroenteróloga infantil y Doctor en Ciencias Médicas, explicó que “la microbiota es diversa y nos permite mantener la homeostasis. Se adquiere precozmente en la vida y puede modificarse posteriormente”. Agregó que tiene efectos inmunológicos, nutricionales, tróficos, metabólicos y endocrinos, y en condiciones de enfermedad se altera el equilibrio, por lo que los probióticos se presentan como un potencial blanco de terapia en algunas patologías.

Al respecto, el doctor Rodrigo Díaz, quien se refirió al manejo del síndrome de intestino irritable y el rol de los probióticos, dijo que éstos pueden mejorar algunos de los síntomas que caracterizan el síndrome de intestino irritable y las alteraciones del ánimo, pese a que advirtió que la evidencia existente es aún limitada.

“La literatura sugiere que ciertos probióticos pueden aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida en pacientes con dolor abdominal funcional”, precisó.

En tanto, la doctora María Eugenia Arancibia explicó los mecanismos de acción en diarrea aguda, una enfermedad que causa 1,9 millones de muertes al año de niños menores a 5 años en países en vías de desarrollo, principalmente en África y Sudeste asiático. En estos casos, el uso de probióticos compite con receptores de nutrientes intraluminales de bacterias patógenas, favorecen la inmunidad y producen sustancias antibióticas.

Finalmente, el médico y exalumno de la Escuela de Medicina, doctor Navor Uribe, quien se encuentra cursando su beca de gastroenterología en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile, abordó el rol de la microbiota en la enfermedad hepática. Sostuvo que “la microbiota es fundamental en las enfermedades hepáticas y sus alteraciones son parte de las enfermedades tanto en las descompensaciones de las mismas, así como futuros target farmacológico. Sin embargo, actualmente, no existe en el mercado un fármaco que cumpla con las recomendaciones que establece la OMS y en casos en que se pudiera usar probióticos, sería en pacientes con cirrosis compensada”.

78 estudiantes de primer año de la Escuela de Medicina recibieron el tradicional delantal blanco

Los 78 estudiantes de primer año que este año ingresaron a la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso, sede Casa Central, recibieron la piocha institucional y el tradicional delantal blanco con los que -a partir de ahora- serán distinguidos durante el ejercicio de sus quehaceres en los diferentes campos clínicos.

Estos les fueron entregados durante una ceremonia en la que también suscribieron el código de honor de dicha unidad académica, la cual marca el inicio de su trabajo y contacto con pacientes.

La actividad se realizó en el Aula Magna “Victorio Pescio” y fue encabezada por el vicerrector académico José Miguel Salazar, quien en la ocasión estuvo acompañado por el decano de la Facultad de Medicina, Antonio Orellana; el director de la Escuela de Medicina, Rodrigo Vergara, y la secretaria académica de dicho plantel, Carolina Reyes.

En la ocasión, y en medio de los aplausos de sus orgullosos padres, familiares y amigos, los jóvenes también recibieron un bolsón de trabajo y el reglamento que rige sus deberes y derechos.

El código de honor, que cada uno de los nuevos estudiantes firmó frente a sus pares y profesores, representa su compromiso público con la obligación de respetar las normas institucionales y de los centros hospitalarios a los que deberán asistir, los derechos e integridad de las personas a las que deberán auxiliar y, además, cumplir con las tareas que sus profesores les encomienden, siempre considerando los principios y valores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso.

Los investidos

Los 78 estudiantes de la Escuela de Medicina UV investidos este año fueron los siguientes: Ignacio Abarzúa Ramírez, Gabriel Ahumada Millard, Nicolás Araneda Rodríguez, Sofía Arístides Pulgar, Victoria Baeza Cartes, Maura Bórquez Henríquez, Daniela Bravo Órfali, Fernando Briceño Muga, Catalina Bustos Covarrubias, Catalina Cáceres Morales, Gianluca Canessa Lazzari, Loreto Cárcamo Robles, Nicolás Carrasco Figari, Benjamín Carrasco Rodríguez, Claudia Carreño Legua, Javiera Castillo Aguirre, Esperanza Castillo Silva, Andrea Clavero Santana, Antonia Contreras Casteran, Vinzenz Córdova De Halleux, Paula Delgado Sepúlveda, Sofía Díaz Zelada, Isabel Dosal Escobari, Aldo Fendez Guerrero, Camila Fernández Hidalgo, Martín Figueroa Valencia, Nicolás Flores Uribe, Joel Fuentes Bustos, Benjamín Gaete Ramírez, Sofía Gallorio Castro, Javier González Canessa, Alejandra González Ramírez, Diego Grandi Pincheira, Hans Gunther Reyes, Ricardo Harvez Neira, Pía Henríquez Mondaca, Edoardo Horlacher Astele, Sofía Ilabaca Aranda, Renata Jara Hernández, Jorge Jones Ortiz, Cristóbal Juica Castro, Catalina Lacrampe Álvarez, Josefa Lagos Briceño, Rocío Lagos Briceño, Gonzalo Lanza González, Pía Lara Barrientos, Mario León Torres, Germán Loyola Prado, Giuliana Mangini Pérez, Francisca Mardones Paluz, Belén Matta Cordero, Catalina Moreno Contreras, Macarena Muñoz Dassonvalle, Camila Nanjarí Barrientos, Franco Nova Comicheo, Lorenzo Oliva Astorga, Josefa Orellana Godoy, Camila Osorio Ponce, Ángela Pacheco Marambio, Isidora Palma Silva, Daniela Pérez Bruno, Karina Pizarro Cataldo, Teresita Ramos Caltagirone, Macarena Ríos Venegas, Diego Riquelme Ortiz, Natalia Riva Barraza, Claudia Rivas San Martín, Camila Rojas Garrido, Rolando Rojas Sanfuentes, Valentina Rojas Schiappacasse, Pablo Soto Romero, Javiera Urrutia Cabrera, Valentina Vallejos Olivares, Javiera Vargas Cornejo, Diego Villarroel Escudero, Jaime Yamal Barrios, César Zamora Marín y Elena Zapata Cabezas.

Trece mentores para estudiantes de primer año de Medicina

Trece son los mentores que este año tendrá la Escuela de Medicina para sus alumnos de primer año en Casa Central, línea de acción que se desarrolla al alero del programa Atención Preferencial a los Primeros Años (APPA) de la Dirección de Pregrado y la Vicerrectoría Académica.

Cada mentor -alumnos/as de tercer año en adelante- tendrá una comunidad de aprendizaje con un promedio de seis estudiantes para realizar un acompañamiento grupal y ayudar con hábitos de estudio a los alumnos que recién comienzan la carrera.

Este sistema de mentorías se realiza desde 2017, cuando comenzó como piloto en la Escuela de Medicina y, dado su buen resultado, ha continuado gracias al gran interés de parte de los alumnos de cursos superiores, quienes voluntariamente se capacitan para cumplir el rol de mentores.

“Esta dinámica facilita la adaptación a la vida universitaria, permite contar con información propia de las opciones disponibles al egresar tempranamente, todo esto de una forma más transversal, pues sus mentores son también sus compañeros. Además, es un apoyo para  detectar oportunamente las dificultades académicas o de salud mental que puedan presentar nuestros estudiantes de primer año”, explicó la profesora Cecilia Montero, encargada de la Oficina de Educación Médica, OFEM. 

Esteban Maldonado, del programa APPA, sostuvo que el programa trabaja con el 90% de las carreras con mayor índice de deserción y repetición de asignaturas. Si bien aclaró que la Escuela de Medicina no está en ese porcentaje, voluntariamente solicitó en 2017 el acompañamiento de las mentorías para sus alumnos de primer año. Desde entonces, el APPA apoya el proceso de postulación, selección y posterior capacitación de las y los jóvenes mentores.

"En esta primera reunión se presentaron los mentores y conocieron a su respectiva comunidad de aprendizaje. Luego, el periodo de reunión en el año entre ellos será libre. Aunque las mentorías son voluntarias, es decir los mentores no reciben remuneración, pueden convalidar esta actividad como una asignatura electiva o AFG",  detalló Maldonado.

 

Médico UV busca crear esófago artificial para salvar a niños con malformaciones congénitas

Gracias a una beca Conicyt de cuatro años para cursar un doctorado en el Francis Crick Institute de Londres, el principal centro europeo en investigaciones biomédicas, el médico pediatra y académico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso Matías Garrido trabaja actualmente en el desarrollo de un esófago artificial para salvar la vida a niños con malformaciones congénitas.

El profesor de Embriología Humana e investigador del Centro de Investigaciones Biomédicas UV arribó hace dos meses a esa prestigiosa institución, la cual alberga a más de mil científicos y colaboradores permanentes -entre ellos a varios Premios Nobel- considerados las mentes más brillantes del mundo en la actualidad.

Allí Garrido está trabajando en el área de la salud infantil, específicamente en los campos de la ingeniería tisular, medicina regenerativa y células madre, con miras a desarrollar órganos artificiales que puedan ayudar al ser humano, y especialmente a los niños, a superar ciertas enfermedades hoy consideradas mortales o altamente invalidantes.

La mejor opción

A la fecha, la ciencia y la medicina no disponen de alternativas de tejidos funcionales para la mayoría de los pacientes afectados por ese tipo de enfermedades, como lo es -por ejemplo- la atresia de esófago, mal que se caracteriza por una fístula traqueoesofágica o comunicación anómala entre la vía respiratoria y la digestiva. De ser una condición 100% mortal, gracias a los avances en la técnica quirúrgica, el desarrollo de la anestesia pediátrica y los cuidados neonatales se ha pasado a tener resultados muy favorables, convirtiéndose en el paradigma de la cirugía neonatal. Sin embargo, hay un 10% de casos que hoy no tienen solución.

Al respecto, Matías Garrido explica que hay varias opciones que podrían considerarse para tratar este mal: la primera es una prótesis, pero el problema es que los niños crecen demasiado rápido, por lo cual tendrían que cambiarla cada uno o dos meses.

La segunda opción podría ser usar otros tejidos del cuerpo para reemplazar el órgano dañado, pero ello genera muchas secuelas a largo plazo. Lo mismo que la tercera opción: un trasplante de esófago.

Entonces, la mejor opción para estos casos -y la más ambiciosa- es construir un esófago artificial usando células del mismo paciente, lo cual disminuye enormemente las posibilidades de que se produzca rechazo al órgano nuevo.

“Se hacen crecer las células madre en el laboratorio, se expanden y después se siembran en una matriz que puede ser artificial, sintética o biológica. Esa matriz vendría siendo el andamiaje para construir un nuevo órgano que después se implantará de vuelta en el paciente”, explica el investigador de la Escuela de Medicina de la UV.

En las grandes ligas

En esta opción está trabajando directamente Matías Garrido, como parte de un equipo que busca crear un esófago artificial a través de la descelularización de un órgano donante que luego fue sembrado con las células apropiadas.

“Ahora mi trabajo se enfoca en replicar esta estrategia en animales mayores, estando a cargo de las células epiteliales de la mucosa que revisten el esófago y de su posterior cirugía de implantación y seguimiento. Los desafíos son muchos, puesto que el esófago si bien es un órgano de paso, no es tan simple como uno tendría a pensar. Sus células derivan de las tres capas embrionarias, y en especial las células epiteliales son difíciles de mantener en el laboratorio. Adicionalmente se debe lidiar con otros problemas que aún no han sido resueltos del todo, como la regeneración del sistema nervioso entérico y contar con adecuada vascularización para el injerto. Pero esa es la idea, seguir investigando para que podamos cambiar la forma en cómo tratamos a nuestros niños. Acá estoy en el lugar y momento indicado. Es como estar jugando una final en el mejor equipo del mundo”, comentó el investigador de la UV desde Londres.

Por cuarto año consecutivo internos de Medicina conocen la experiencia de la Salud Municipal de Quillota

Desde hace 4 años, gracias a un convenio entre el Departamento de Salud Municipal de Quillota y la Facultad de Medicina de la Universidad de Valparaíso,  se realiza el denominado Internado de Atención Primaria de Salud  en los centros asistenciales de la comuna.

Esto permite que los estudiantes de medicina puedan conocer la experiencia de la atención primaria de Quillota, que ha realizado diversas innovaciones en las modalidades de prevención, promoción y atención del daño en salud.

Recientemente se incorporaron los estudiantes Vivianne Colman Figueroa, Constanza González Bustos, Francisca Aguilera y Felipe Elgueta Galdames, quienes fueron recibidos en primera instancia por el director del Departamento de Salud Municipal, Víctor Alvarado y la encargada de Desarrollo Institucional, Claudia Maturana Donoso.

Posteriormente los alumnos se trasladaron hasta el centro de salud Doctor Miguel Concha, donde los médicos tutores de la red municipal, José Silva y Diego Ramírez, informaron sobre las experiencias de atención de salud que se realizan en la comuna.

“Esto es parte del plan de desarrollo del Departamento de Salud Municipal de poder mostrar a los futuros colegas como es el departamento, como son las prestaciones que damos, el enfoque que tiene y poder atraer nuevos colegas a que se puedan sumar a nuestros esfuerzos de poder llevar atención a la gente de Quillota”, explicó el médico Diego Ramírez, Coordinador Clínico del Internado.

“Es bueno conocer otros lugares, es una experiencia súper enriquecedora sobre todo trabajar a nivel de la parte pública y sobre todo en la atención primaria que es donde está más cerca de los pacientes, por ese lado es una tremenda experiencia y espero estar a la altura del desafío”, explicó Felipe Elgueta Interno de la Universidad de Valparaíso.

Los internos fueron asignados inicialmente al Centro Comunitario de Salud Familiar (Cecosf) Ruta Norte, al Centro Integral del Adulto Mayor Plaza Mayor, y dos de ellos al Centro de Salud Familiar (Cesfam) San Pedro y permanecerán durante 8 semanas en el sistema de salud municipal.

Esta alianza entre el Departamento de Salud Municipal y la Facultad de Medicina de la Universidad de Valparaíso, ha permitido que un número importante de estudiantes de medicina hayan podido conocer la experiencia de la atención primaria de salud de Quillota.

Docente y alumno publican libro de neuropatía diabética

Si consideramos que un diez por ciento de la población chilena padece diabetes mellitus y uno de cada 200 pacientes diabéticos es amputado, vale preguntarse si se puede prevenir. El doctor Pedro Jiménez, neurólogo y docente de la Escuela de Medicina, sostiene que sí se puede y para ello publicó junto a su alumno ayudante, Francisco Tapia, el libro “Neuropatía diabética: fisiopatología, diagnóstico y tratamiento”, bajo el sello de la Editorial Académica Española.

La edición reúne los conocimientos y experiencia a lo largo de 25 años en pacientes con neuropatía diabética. “Francisco Tapia realizó la parte visual, imágenes, diagramación y búsqueda en internet y yo aporté con la información. Lo enviamos en noviembre del 2018 después de varias correcciones, y en enero me avisaron que estaba publicado”, cuenta el académico de Medicina Campus San Felipe.

El texto intenta imponer un pensamiento preventivo, antes que aparezcan los síntomas de la neuropatía diabética, enfermedad que se expresa en la falta de sensibilidad y fuerza. Los pacientes que padecen neuropatología diabética pierden, paulatinamente, la sensibilidad en sus ortejos y pies, lo que favorece que se provoquen heridas con una escalada de acontecimientos negativos. Tras las heridas siguen las úlceras, infección, osteomelitis, septicemia y muerte o amputación antes que ocurra la septicemia.

Es muy probable que una persona que ya tuvo una amputación, dentro de cinco años siguientes tenga una segunda.

Prevención

¿Cómo prevenir? Con exámenes preventivos y el apoyo de tecnología para diagnosticar la neuropatía diabética cuando es asintomática. “La diabetes va eliminado fibras nerviosas muy lentamente. Se pierde cierto grado de sensibilidad que no capta el paciente, pero equipos especializados sí pueden detectar”, indica el docente.

Enfatiza que en la fase subclínica es importante reforzar el control de glicemia, para que esté en niveles inferiores a 150, y ayudar con medicamentos para mejorar la circulación y vitaminas para que el nervio se vaya regenerando.

“Siempre le digo a mis alumnos que envíen en forma rutinaria a sus pacientes con diabetes a exámenes preventivos: cada dos años a electromiografía y cada cinco años a un examen de umbral de sensibilidad térmica. De este modo se pueden detectar alteraciones de tipo neuropatía antes que el paciente tenga síntomas. Siempre debemos pensar en diabetes, úlcera, posible amputación, siempre”, agrega Jiménez 

Sáquele los calcetines

Una medida muy simple y complementaria a los exámenes que el doctor Jiménez indica a sus estudiantes es que le revisen los pies. Una acción que parece trivial y de sentido común no es tan común, pues al 10 por ciento de los hospitalizados no le han mirado ni tocado los pies, así como al 30 por ciento de los usuarios de atención primaria. “Es de sentido común y de humanidad”, reflexiona el doctor Jiménez. Si con ese simple ejercicio se encuentra el indicio de sensibilidad alterada, la neuropatía ya está diagnosticada.

Para el interno de Medicina y ayudante del integrado de neurología, Francisco Tapia, la experiencia de participar en la publicación de un libro fue de mucho aprendizaje.

“Mi participación fue recopilar información que tenía el doctor desde su experiencia, revisar bibliografía y la información formal que existe en torno al tema, además de ver la redacción y darle forma de acuerdo al formato que nos exigían. Aprendí mucho, reafirmé y profundicé los conocimientos en torno a esta patología”, agrega.

Para el interno de Medicina y ayudante del integrado de neurología, Francisco Tapia, la experiencia de participar en la publicación de un libro fue de mucho aprendizaje. “Mi participación fue recopilar información que tenía el doctor desde su experiencia, revisar bibliografía y la información formal que existe en torno al tema, además de ver la redacción y darle forma de acuerdo al formato que nos exigían. Aprendí mucho, reafirmé y profundicé los conocimientos en torno a esta patología”, agrega.

El ayudante comenta que la neuropatía diabética pasa desapercibida hasta que está en estados avanzados, por lo que en sus prácticas en los centros de salud ha puesto énfasis en la pesquisa de los signos iniciales para ayudar a los pacientes diabéticos.

 

 

 

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