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Dr. Rodrigo Cruz: “La transmisión del VIH también está relacionada con un tema tabú: la práctica del sexo anal sin utilizar métodos de barrera”

La semana pasada ONUSIDA ratificó que Chile es el país latinoamericano donde más han aumentado los casos de personas contagiadas con el VIH en los últimos años.

En su último reporte, dicho organismo precisó que durante el período 2010-2018 el número de infectados con ese virus en nuestro país se incrementó en un 34% y que como, resultado de lo anterior, hoy hay 71 mil chilenos que viven con VIH, de los cuales 61.660 (86,7% del total) han sido diagnosticadas y casi 10 mil no saben que están infectados.

Para el médico infectólogo Rodrigo Cruz, docente e investigador de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso, este aumento tiene que ver principalmente con el hecho de que chilenos -hombres y mujeres por igual- practican relaciones sexuales sin adoptar las medidas de prevención y los cuidados esenciales destinados a evitar las enfermedades de trasmisión sexual.

El especialista sostiene que si bien las personas son libres para vivir y experimentar su sexualidad como les plazca, esto último no implica que lo hagan sin la suficiente responsabilidad o sin importarles si su proceder puede afectar a las demás.

“Es cierto que falta educación e información, pero es un hecho que el principal factor tiene que ver con un relajo en las conductas sexuales, en especial entre los jóvenes, como lo revelan una serie de estudios que indican que además del VIH-Sida dan cuenta de un alza considerable en el último tiempo de enfermedades como la gonorrea, la sífilis, el herpes genital, la uretritis no gonococica y la infección por virus papiloma humano. Y este tipo de patologías son más habituales cuando se tienen relaciones con múltiples parejas y sin adoptar los resguardos necesarios”, afirma el doctor Cruz.

Tema tabú

Respecto del aumento en el contagio del VIH, el infectólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso sostiene que hay otro factor de riesgo específico a considerar: las relaciones ano-rectales.

“Este sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad, del que lamentablemente pocos se atreven a hablar, incluso las autoridades sanitarias y los profesionales de la salud, por temor a estigmatizar a un grupo de personas, pero lo cierto es que desde el punto de vista epidemiológico no se puede obviar el hecho de que casi el 70% de los infectados con el virus del VIH son hombres, la mayoría de los cuales tiene sexo anal con otros hombres, al que se agrega un 10% -al menos- de hombres y mujeres que también lo practican, como una forma de evitar el embarazo. En estricto sentido, esta realidad no tiene que ver con la orientación sexual de las personas, sino con las características de las relaciones ano-rectales, ya que este tipo de relación sexual tiene más riesgo de transmitir el VIH que la relación vaginal o el sexo oral”, asegura Cruz.

“Esto tiene que ver con la función fisiológica y los receptores celulares que en esta zona son abundantes, lo que favorece el ingreso del VIH a nuestro organismo, comenzando la replicación local para luego diseminarse por todo nuestro cuerpo.  Con esto no estamos cuestionando ni diciendo que este tipo de relación no se deba practicar. Lo que queremos dejar en claro es que la relaciones ano-rectales son mucho más riesgosas que las vaginales y, por tanto, quienes deseen tenerlas deben adoptar todas las medidas de prevención adecuadas para evitar no solo la transmisión del VIH, sino de todas las infecciones de transmisión sexual que también se pueden contagiar por esta vía”, acota el especialista. Entre estas últimas, Cruz menciona el uso del condón masculino y femenino, además de tratar de evitar el uso de objetos que puedan dañar o perforar el recto, ya que son complicaciones mecánicas indeseadas que ocurren en ocasiones. 

Falsa seguridad y otros aspectos

En opinión del especialista de la UV, la situación descrita está relacionada con otros tres factores.

El primero refiere a la pérdida del miedo a contraer la enfermedad, en parte gracias a la evolución que han tenido los medicamentos contra del VIH-SIDA, que aseguran un mejor tratamiento y una expectativa de vida igual que cualquier otro ciudadano sin VIH.

Por otra parte, Rodrigo Cruz explica que la idea del Ministerio de Salud de repartir el PrEP o profilaxis preexposición con tenofovir emtricitavina, medicamento que ha demostrado que si es suministrado antes y después de mantener relaciones, por un período específico, contribuye a evitar el VIH, pero no otras infecciones de transmisión sexual.

“El problema es que con esto estamos nuevamente alentando una falsa seguridad. Que a un paciente se le indique PrEP debido a que tiene una conducta sexual de riesgo, no significa que debe dejar de usar los preservativos, ya que si estos se usan de la manera correcta cada vez que tiene relaciones sexuales, son muy eficaces en prevenir el VIH y algunas ETS que se transmiten a través de los líquidos corporales, como la gonorrea y la clamidia”. Por eso, hay países que han decidido no financiar su suministro, porque además de no ser barato podría favorecer el descuido”, asegura el infectólogo de la UV.

El segundo factor, a su juicio, es el relajamiento de las políticas públicas destinadas a la prevención y control de la transmisión del virus, y que en lo concreto se traduce en ausencia de campañas y educación afectiva y sexual desde el colegio, institutos, universidades y todo tipo de instituciones educacionales y sociales.

Ambos han favorecido la despreocupación y llevado a las personas -en especial a los jóvenes- a prácticas sexuales desprotegidas.

“De ahí es que el segmento etario donde más ha aumenta el VIH en los últimos años en nuestro país sea entre los 20 y 29 años, entre quienes los casos notificados evidencian un incremento progresivo en los últimos cinco años”, asegura Cruz.

Y el tercer factor es la falta de pesquisas y facilidades para la realización del examen respectivo en el sistema público de salud y el diagnóstico tardío, que en gran medida es una consecuencia de los anteriores.

“Como resultado de lo anterior, está claro por qué hoy Chile presenta indicadores insatisfactorios en VIH y evidencia el mismo problema que la mayoría de los países de la región: muchos de los infectados aquí se enteran de que lo son cuando ya han contraído una enfermedad marcadora, sus defensas son bajas y las expectativas de sobrevida disminuyen. Desde el punto de vista epidemiológico, actualmente el 20 a 25% de los infectados son diagnosticados en etapas avanzadas de la enfermedad. En ese sentido, como salud pública estamos fallando en la prevención oportuna y, como resultado, también en el diagnóstico precoz”, sentencia el doctor Cruz.

 

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